''2 de enero: Fundación de la primera comunidad marista''
Mensaje, ofrecimiento y una reflexión
Queridos amigos Desde la Comunidad de Laicos y Hermanos de La Inmaculada nos unimos en la gratitud a Dios por el regalo de la vida y el carisma de Marcelino para el mundo, para la Iglesia y especialmente para nosotros. Que este aniversario del nacimiento de nuestra familia religiosa nos anime a seguir comprometidos en la educación de todos los niños y jóvenes, especialmente aquellos que más nos necesitan. Y en esta fiesta tan especial queremos presentarles la escultura de la foto, réplica en miniatura de la entronizada en el Vaticano, realizada por la artista María Gabriela García Guerra, esposa de Walter Luna, Coordinador de Pastoral. Felicitaciones a ella por este bello aporte que nos ha brindado!!! Más abajo les enviamos un texto del Hno. Javier Espinosa que acompaña muy bien lo que refleja esta imagen. Feliz día de los maristas para todos!!!! Comunidad de Hermanos y Equipo Directivo

Aupar la vida Contemplaba la estatua de san Marcelino en el Vaticano. Me vi sonriéndome al fijarme en el gesto tan gracioso de un niño sobre los hombros de Champagnat. Recordé a mis sobrinos cuando de pequeños eran llevados por su papá en esa misma posición, danzando en las fiestas al son de la música. Me seguí sonriendo al contemplar esa difícil simbiosis de espontaneidad, humanismo y alegría que inspira la estatua con la precisión, rigidez y clasicismo del nicho. No cabe duda que es una estatua con sentido lúdico. Hay en ella mucho corazón, mucha cercanía y libertad. Destaca la natural en un fondo artificial. Resalta la sencillez en un ambiente hierático. Grita frescura en la dureza de la piedra. Parece humanizar lo divino. Champagnat desprende el encanto de Dios. Se deja tocar por un niño. Su mano acaricia, es sacramento de encuentro. En el niño se asoma el Dios de la vida, y nos trae la alegría, la creatividad y la utopía. A Champagnat que carga al niño no me lo puedo imaginar sin una sonrisa; es el gozo de quien acoge la vida, levanta la esperanza, sostiene el futuro. Un niño a los hombros invita a danzar y bailar. Aupar la vida. Por no saber si era un localismo tuve que investigar en el Diccionario de la Real Academia. Encontré el verbo aupar y también la interjección aúpa; esta última “se usa para animar a alguien a levantarse o a levantar algo. La usan especialmente los niños cuando quieren que los tomen en brazos”. Sin querer y, con un poco de emoción, también yo grité: ¡Aúpa, Champagnat! Y es que él eso hace: aupar. Aupar al niño que es aupar la vida. Marcelino aúpa lo pequeño, lo débil, lo más querido de Dios… aúpa lo sencillo, lo que no se ve… aúpa lo puro, lo transparente, lo que nace… aúpa la esperanza, la ilusión y el amor. Aupar la vida, al modo de Champagnat, es promover la capacidad de soñar, como la tiene el niño. Es desarrollar la fantasía y la ilusión. Es romper la tendencia a volvernos normales, a mantenernos siempre dentro de los límites del orden, a no ofrecer alternativas. Aupar la vida es ir contra la resignación y el pesimismo. Es estar abiertos a la creatividad, es superar los mismos tópicos, las mismas ideas y los mismos caminos. Es abrirnos a la novedad de Dios. Sigo imaginando a Marcelino danzando con el niño en sus hombros. Lo sigo viendo con la sonrisa en los labios. Su alegría es cercanía de Dios. Su humor, divinización de lo humano. Su danza, la esperanza que anticipa el futuro de Dios. Auténtico mensajero de la Buena Noticia. Promotor de Vida. Contemplar la estatua de Champagnat nos puede ayudar a tocar la novedad, la creatividad y el dinamismo. Champagnat aúpa el juego, la fiesta, la fantasía y la sonrisa. Ante los retos de la refundación, contemplar el gesto de Marcelino, nos debe animar a no renunciar al riesgo, a la aventura, al camino, y a llenar la vida de esperanza. Con san Marcelino, aupando al niño, podemos gritar: ¡OPTAMOS POR LA VIDA!
Hno. Javier Espinosa, Secretariado de Laicos
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